El recuerdo de mi primer aborto
- 16 mar
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Nunca imaginé que un simple error de juicio me acompañaría toda mi vida.

Cuando estaba embarazada por primera vez, me encontraba en una situación difícil. Mi pareja y yo no estábamos preparados para ser padres, y aunque el miedo me invadía, decidí abortar. Pensé que sería lo mejor en ese momento, que mi vida podría seguir adelante y que el dolor de la decisión desaparecería.
Sin embargo, la culpa nunca me dejó. Años después, cuando tuve a mi segundo hijo, la tristeza se apoderó de mí. Al ver a mi bebé en mis brazos, me llenó una sensación de alegría, pero también de un vacío profundo, un vacío por el niño que nunca conocí, el hijo que nunca pude darle la oportunidad de vivir. El arrepentimiento me destrozaba. Miraba a mi hijo pequeño y me preguntaba qué hubiera sido de mi primer hijo, cómo hubiera sido verlo crecer, si habría tenido los mismos ojos, la misma risa.
A veces, me encontraba llorando en silencio, pensando en lo que había perdido. El amor que sentía por mi segundo hijo era inmenso, pero no podía evitar preguntarme si habría sido diferente si hubiera tomado otra decisión. Me sentía como si hubiera perdido una parte de mí, algo irrecuperable.
En esos momentos de dolor, recordé una palabra de la Biblia que me dio esperanza: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso" (Mateo 11:28). Fue como si Dios me hablara directamente, recordándome que Él no me ha dejado, que Su misericordia es más grande que cualquier error.
Hoy, aunque el dolor y el arrepentimiento siguen estando en mi corazón, sé que puedo sanar. Dios me ha mostrado que aunque no puedo cambiar el pasado, puedo encontrar paz en Su perdón. El arrepentimiento es real, y con el tiempo, la gracia de Dios puede llenar los vacíos que dejamos.
Si alguna mujer está pasando por lo mismo que yo, quiero decirle que, aunque el camino es difícil, hay esperanza. Nunca es tarde para encontrar la paz que solo Dios puede dar.
Marta R.
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